Presentación del poemario "En el jardín de los versos"
Bajo el sello de Malix Editores, este 19 de febrero se presentó en la Casa de la Cultura de Cancún, el libro de Carlos Flores y Michel, En el jardín de los versos. La presentación inició con la inaguración de la exposición fotográfica del autor a cargo de la escritora Lil Fernández —organizadora del evento— y la Lic. Maritza Medina Díaz —directora del recinto—. Posteriormente, antes de que el autor leyera sus poemas, la escritora Mariel Turrent, representando a Malix Editores, habló sobre el libro:
J de jardín
“J de jardín: … ha de ser el jardín en el que pienso cuando me digo a mí mismo “jardín”: un espacio verde que está recogido y que contiene parte de la acción de un poema, o tal vez nada”.
Esto dice en su Abecedario del poeta, Mark Strand. Y en eso pensé al leer los poemas de Carlos Flores y Michel. Su mismo apellido me lleva desde un inicio allí. A un paseo por los jardines en los que pienso, cuando pienso en jardín, pero también en los que me reconozco, porque tal vez recorremos los mismos lugares. Y eso es algo maravilloso que encontré en su libro.
Cuando uno lee poesía, el poema suele tener como único contexto la voz del poeta. El poema se inventa a sí mismo, carece del apoyo que posee, por ejemplo, una novela o un cuento. En la poesía solemos desconocer la mayor parte de lo que se dice. Lo que originó el poema suele estar diluido en el trasfondo y cada palabra adquiere un peso importante, porque las palabras son la acción.
Pero en este caso, me pareció que no entraba yo a un mundo desconocido. Conozco de qué habla en sus poemas de Carlos Flores, donde —cito—: “una lagartija disfruta la duchita de luz y se frota los ojos deslumbrada”.
En el jardín de los versos no se procuran formas especiales, figuras, tropos, estilos determinados como en los jardines franceses. Sus versos no son setos de perfectos, endecasílabos, sonetos, ni han sido podados minuciosamente. Es más bien —cito—: “un caminito de tierra ahí en el camellón, lo hicieron las personas que cruzan con prisa, en medio de la calle, locos”.
Es un jardín de Cancún. Ese en el que yo paseo a mis perros todas las mañanas. Está lleno de esas imágenes cotidianas entrañables que yo comparto: palmeras, tordos, colibrís, jacarandas, bicis, patines y patinetas, niños…
Y mientras paseo por este libro, respiro la naturaleza, los “vapores del cielo”, y me parece que el poeta procura la contemplación, como los ascetas. Me hizo pensar en algunos autores japoneses que con un ritmo muy pausado van deteniendo sus frases en la observación, en la escucha atenta, concentrándose en las sensaciones, en el instante presente. Y como él mismo Carlos lo dice, “buscando otra forma de mirar”.
A lo largo de este paseo, Carlos Flores también me va contando anécdotas, como “En el verano” o “Reproche”. En poemas como “Vuelo” y “Épica” da vida a las cosas inanimadas —cito—: “Mira la ola que cabalga al océano, pregona su llegada victoriosa… pero el mar no descansa, su secuaz el calor arma legiones…etc.”.
No voy a leer yo sus poemas eso se lo dejaré a él.
Yo solo diré que me gusta pasear En el jardín de los versos, porque ahí está el universo entero “hoyos negros, nebulosas, otras galaxias” que nos hacen recordar que —cito—: “no somos tan grandes como creíamos”.
Me detengo en un poema titulado Canto donde Carlos Flores dice: “canto… al júbilo de vivir en esta tierra, en mi país, canto al canto, porque ser franco no cuesta”. Y eso justamente este su primer poemario.
Dicen que la poesía se lee embarcándose. Lo que nos digamos unos lectores a otros puede ser útil y hasta determinante. Pero no espero que ustedes tomen mis palabras sobre Carlos Flores y sus poemas como un hecho, sino que esta presentación los anime a pasear En el jardín de los versos.
Mariel Turrent
Cancún, Q. Roo, febrero, 2026




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